Hoy en día, el mayor reto del despliegue de la ciudad inteligente es encontrar una solución que permita un despliegue de servicios/equipos rápido y barato. Las ciudades necesitan tener una visión global de los servicios que necesitan y dónde y cuándo los necesitan, para poder planificar un despliegue global o desplegar infraestructuras de base. Ya que un plan de despliegue global es algo casi imposible de conseguir (inversión, visión clara de las necesidades de servicio, tecnología disponible y soluciones de gestión, entre otras razones). Las ciudades deberían empezar a pensar en desplegar una infraestructura de base que permita la integración de servicios/equipos, compartir utilidades y que sea agnóstica tecnológicamente. Esto les permitirá reducir el tiempo y el coste del despliegue de servicios/equipos. Y tendrá la ventaja de integrar cualquier equipo existente o futuro con un impacto mínimo o nulo. Este es un gran cambio de concepto, hoy en día todo el mundo piensa en la tecnología pero nadie piensa en cómo implementarla en el mundo real de forma masiva. Las ciudades tienen presupuestos limitados por lo que necesitan tener una primera decisión inteligente, una infraestructura de base modular, actualizable y agnóstica tecnológicamente. Y por supuesto, un modelo de negocio asociado para que sea sostenible.